Comunicando Sin Comunicar

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Comunicando Sin Comunicar

Recientemente tuve la oportunidad de asistir a una plática relacionada con la buena comunicación. Desde inicio el primer descubrimiento fue ponernos de acuerdo de lo que cada uno entiende por comunicación, y después en lo que aceptamos como “buena” comunicación.

Ya superado este primer reto, también estuvimos de acuerdo en que cuando nos comunicamos, no siempre transmitimos de manera objetiva el mensaje. Invariablemente existe la influencia de lo que recordamos. Basta con jugar al teléfono descompuesto para confirmar que esto es una realidad.

Los buenos comunicadores deben estar siempre un paso adelante, para que cuando reciban un mensaje, conozcan el contexto en el que se desarrolla y puedan ser precisos cuando participan con una opinión.

Me permito compartir un ejemplo:

“Tu hijo le dijo a mi hija ‘que era una perra’. No lo quiero volver a ver en mi casa nunca más…”

Contexto: Un grupo de cinco niños de 12 años jugando a la familia. Un niño era el papá, una niña era la mamá, otro niño era el hijo y el último niño era un perrito. La niña que nos falta en la historia pidió también participar y ser un perrito. Entonces uno de los niños le dijo “no puedes ser perro porque tú eres niña, a ti te toca ser una perra”.

Que diferente opinión tenemos ahora, aunque las palabras y la intención no han cambiado, el niño le dijo “que era una perra”

En la sociedad en la que nos movemos, la intención cuenta, y el grupo en el que participamos también. Éste es un chisme gordo y tentador para compartir, y si además usamos redes sociales el alcance que esto puede lograr es brutal.

La buena comunicación no está en la cantidad de lo que se platica, sino en lo que se comunica. Aquellas mamás que se sumaron a la indignación y descalificaron al niño y a sus padres por su poco cuidado para educar. Esas mamás que compartieron el mensaje del muchachito que le dice perras a las niñas, comunicaron mucho más de ellas mismas, que de lo que realmente sucedió.

¿Qué hubiera pasado si en la cabeza de alguna de las mamás se hubiera prendido un foco y hubieran considerando las consecuencias de compartir el mensaje vs no compartirlo?

Como papás, empresarios o responsables de equipos de trabajo, siempre pedimos que se consideren las consecuencias. Si tomamos decisiones vienen acompañadas de cosas positivas y cosas negativas, pero en ocasiones como en nuestro ejemplo, algunas mamás no vieron la película completa, se quedaron con una foto y participaron en la conversación.

En muchos casos, admiramos a aquellas parejas que sin emitir una sola palabra, disfrutan espacios de silencio total, respetando momentos en el que es sano no decir nada. Debemos aprender a estar en silencio y a escuchar mucho más, para comunicar correctamente.

Cuántas veces nos hemos metido en problemas por comentarios fuera de lugar. Tenemos tanta necesidad de participar, que corremos riesgos cuando no tenemos el contexto completo. “Por la boca muere el pez”… Qué importante es quedarnos calladitos en ocasiones.

En nuestro ejemplo, les aseguro que si las mamás que comentaron en redes sociales o en esos grupos de Whatsapp el incidente, se hubieran dado a la tarea de conocer el contexto, hubieran soltado una carcajada y hubieran dejado pasar el momento, porque no hubiera sido un tema gordo.

Por otro lado, si le hubieran concedido el beneficio de la duda o un voto de confianza, ya que un niño de 12 años no se expresa así de sus compañeras de clase, la historia hubiera sido diferente.

“Un gran conversador es el que sabe escuchar”, es uno de los refranes al que le guardo mucho respeto y que le da sentido a nuestra idea. Sin mencionar una sola palabra, con los ojos, una sonrisa o una postura corporal, nos invita a seguir hablando y nos permite sentir que estamos teniendo una conversación.

En el contexto digital, no participar en ciertas conversaciones, no externar puntos de vista, no ver ciertos contenidos, permitir que alguien más emita palabras, dice mucho más de nosotros de lo que nos podemos imaginar.

Ya no necesitamos gritar para que sepan que estamos enojados. No necesitamos llorar para que sepan que estamos tristes. No necesitamos quejarnos para que sepan que nos duele. Un pedacito de la buena comunicación es no decir nada. Si lo que vamos a decir no aporta y no suma, es mucho mejor quedarse callado.

Conclusión:

  1. “El hombre sabio, incluso cuando calla, dice más que el necio cuando habla”, Thomas Fuller.
  2. Es muy importante conocer el contexto antes de expresar nuestra opinión.
  3. “Eres una perra” no siempre es una ofensa.

Alfonso Ríos Torres//Digital Friks.

@ponchorios @Digitalfriks

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